Sobre Falstaff, la última sonrisa de Verdi

Falstaff se representó por primera vez el 9 de febrero de 1893 y su estreno fue todo un éxito. La crítica alabó a un Verdi anciano que había vuelto a sorprender con su última ópera y pronto ocuparía los grandes teatros del mundo. Pero ¿qué tiene esta obra para que calara tanto en el público?

De las claves de Falstaff habló Ignacio Trujillo, vicepresidente de la ASAO, en la conferencia que ofreció en el Real Círculo de Labradores. “Falstaff es una ópera distinta”, aseguró el conferenciante.

Ignacio Trujillo durante la conferencia. Foto: Real Círculo de Labradores y Propietarios

Lo cierto es que al principio, a Verdi le costó acceder a realizar una nueva composición. Ignacio Trujillo leyó algunos fragmentos de la correspondencia que intercambió el compositor con el creador del libreto, Arrigo Boito, en la que Verdi se preguntaba qué pasaría de no soportar la fatiga que suponía componer y se quejaba de sus años recordando con melancolía la juventud y su capacidad de pasar horas y horas trabajando sin parar: “Antes era capaz de trabajar desde las cuatro hasta las tres de la tarde, pero ahora no.”

Arrigo Boito y Verdi

Pero finalmente Verdi se rinde a sus dudas y recurre de nuevo al universo shakesperiano, tomando uno de los personajes de ficción creado por el escritor inglés. Falstaff, que aparece en Enrique IV, es un antihéroe, el último inglés que se aleja del puritanismo que trajo consigo el protestantismo, un caballero gordo y bebedor que cae bien porque “tiene un exceso de lealtad y de ingenuidad”, a palabras de Ignacio Trujillo. Falstaff está basada en “Las alegres comadres de Windsor” y tiene escenas de “Enrique IV”.

Falstaff en pintura de Eduard von Grutzner

Con Falstaff, Verdi crea su última ópera que poseerá un estilo cómico. Tiempo atrás diría Rossini que Verdi nunca compondría una ópera bufa, pero se equivocó porque su última creación lírica es una chocarrería de principio a fin. La obra mantiene un ritmo vertiginoso y continuo, es decir, carece de arias y de números cerrados y predominan los fragmentos melódicos de poca duración y encadenados. A pesar de ello, la ópera cuenta con grandes momentos como cuando Falstaff canta al honor.

En la ópera de Verdi destaca el trabajo coral que deben desempeñar los cantantes. Falstaff debe ser un barítono o un bajo cantante con amplios recursos (a menudo se le exigen susurros y falsetes) y timbre oscuro. Ford, marido de Alice, debe presentar las características de un barítono lírico que conviene que tenga un timbre más claro que el de Sir John, el cual deberá desplegar una gran musicalidad y ser muy expresivo. El papel de Alice Ford, es para soprano lírica pero ancha, con ductilidad y facilidad para el legato y el spianato. Quickly, la comadre vecina de los Ford, en registro de mezzo o una contralto y voz adulta con importante vis cómica. Por último, Nannetta y Fenton, que hacen de pareja de enamorados, presentarán voces claras de soprano y tenor lírico-ligero.

Dibujo de Armando Veve

El gran número musical termina con una fuga en la que las superposiciones de las voces dotan al momento de una gran belleza, similar al que escribió Rossini para El Barbero, y concluye con la idea de que la vida es una gran burla. Puede ser que con este pensamiento quisiera Verdi despedirse de los escenarios y de la vida, y fuera así Falstaff lo mismo que una última sonrisa.


Reseña elaborada por la periodista Dª. Ángela Fernández de la conferencia que impartió D. Ignacio Trujillo sobre la ópera Falstaff el pasado 1 de febrero en el Real Círculo de Labradores.

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