reseña sobre la MESA “EN TORNO A… ANDREA CHÉNIER”

El último estreno operístico del Teatro de la Maestranza ha sido precedido, como ya es costumbre, por una mesa redonda en la que se analizan los aspectos artísticos, históricos y musicales de la creación. El día 4 de junio, la Sala de Prensa del teatro, acogió la mesa “En torno a…Andrea Chénier”, una actividad organizada en colaboración con la Asociación Sevillana de Amigos de la Ópera, y que en esta ocasión contó con la ponencia de Rafael Sánchez Mantero, catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla y ex presidente de la ASAO, y el director de escena, Alfonso Romero Mora. El acto estuvo introducido por el actual presidente de la asociación, Ignacio Trujillo.

Para Rafael Sánchez Mantero, la ópera de Giordano posee un enorme atractivo para el público, y muestra de ello es que se sigue representando en todo el mundo a lo largo del tiempo. La obra presenta dos planos a los que prestar atención: por un lado, el trasfondo histórico de la Revolución Francesa y, en segundo lugar, la historia de amor entre una joven perteneciente a la nobleza, Maddalena de Coigny y un joven poeta, Andrea Chénier. El papel del poeta está basado en un personaje real que apoyó la revolución y que finalmente fue víctima de la época del terror. En el espectáculo aparecen personajes protagonistas del periodo histórico que ocupa. Un ejemplo de ello es la figura del famoso Robespierre.

La ópera Andrea Chénier, destaca Mantero, recuerda a Tosca de Puccini, y puede deberse a que ambas contaron con los mismos libretistas, Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. El parecido, entre otros aspectos, se observa en la utilización de un trío amoroso: Andrea, Maddalena y Gérard.

La composición lírica de Giordano es un texto musical muy exigente para las voces. Grandes arias a lo largo de los cuatro actos son interpretadas por cada uno de los protagonistas con oportunidad de gran lucimiento. En la producción estrenada en el Maestranza, que podrá verse hasta el 14 de junio, la gran Ainhoa Arteta interpreta a Maddalena, Alfred Kim en el papel del poeta, y Juan Jesús Rodríguez como Gérard.

En su intervención, Alfonso Romero Mora destacó el peso del personaje de Gérard, para su parecer el más humano de todos, ya que duda, provoca el mal y se arrepiente de sus actos. Junto a él, el público vivirá uno de los momentos más emocionantes, que es en el que resume cómo ha sido la revolución y dice seguir siendo un siervo, pero un siervo que mata y que mientras mata sufre.

Mora aseguró que ha podido profundizar mucho con los cantantes y con el libreto. Le resulta muy llamativa la evolución de los personajes, un poco menos en el poeta, y destacó la calidad y la profesionalidad del Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Intenta reflejar de Maddalena su despreocupación ante la vida. Ella es una adolescente y, pese a la nobleza adormecida, demuestra tener una sensibilidad especial. Y es por ello que el poeta ve en ella algo diferente. En el primer acto el Andrea Chénier intenta explicar a la joven lo que es el amor y es curioso cómo es Maddalena la que ofrece una lección de amor al final de la ópera, cuando decide dar su vida y morir junto a él.

El director de escena ha intentado que el dúo lírico último no se escenifique de una forma heroica, sino que se transmita la realidad de que lo bonito no es morir por amor sino vivir en el amor.

Como detalle curioso, el suelo del palacio aparece roto e inclinado como un barco que empieza a hundirse. Este mismo escenario se utiliza para los posteriores actos como símbolo de algo que se hizo durante la revolución, y es la utilización de los espacios para otros fines. Así, el palacio termina siendo la prisión en la que son encarcelados los enamorados.

En la última escena, un sofá, el cual aparece en el inicio, adquiere protagonismo en un gesto que define mucho el sentido de la obra de Giordano. Vayan a verla.

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