EL ELIXIR DE AMOR – (1) LA PRODUCCION. EL ESPECTÁCULO. José Luis López

Un «Elisir» como un cuento de hadas

 

L’elisir d’amore (1832) de Gaetano Donizetti (1797-1848). Intérpretes: María José Moreno (Adina), soprano; Joshua Guerrero (Nemorino), tenor; Massimo Cavaletti (Belcore), barítono; Kiril Manolov (Dulcamara), barítono; Leonor Bonilla (Gianetta), soprano. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza: Director del Coro, Íñigo Sampil. Escenografía, Enrico Fontana. Vestuario, Marco Guyon. Iluminación, Juan Manuel Guerra. Dirección de escena, Víctor García Sierra. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla: Director, Yves Abel. Teatro de la Maestranza. Primer día, viernes 13 de mayo de 2016 (siguientes representaciones, 16, 18 y 21 de mayo). Producción: Nausicaa Opera International, Parma (directora artística, Yumi Anna Yaginuma), inspirada en la serie El Circo de Fernando Botero. Asistencia: Prácticamente completa (aforo máximo de la sala, 1.800 espectadores).
JOSÉ LUIS LÓPEZ LÓPEZ

Fotos: Procedentes de prensa y publicadas en Internet.

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He aquí la prueba de que la ópera puede, y debe, ser un espectáculo total. No hace falta remontarnos a la pretensión de Richard Wagner de conseguir la Gesamtkunstwerke («obra de arte total»): en este L’elisir d’amore se fusionaron todas las artes escénicas (la música ‒vocal, tanto solista como coral, e instrumental‒, la pintura y la escultura, la danza ‒incluidas las acrobacias de los dos estupendos saltarines y el forzudo cuyos nombres no figuraban en el programa, lástima‒, la luz, el color, el vestuario, la magia del circo… Y sobre todo, la concepción global de la producción, su «alma», que nos hizo sentirnos felices, como devueltos a la infancia, esa de la que dijo Rainer Maria Rilke que es «la verdadera patria del hombre» ‒y de la mujer: Rilke escribió, en alemán, «Mensch», que significa tanto mujer como hombre).

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De modo que, antes que de los elementos clásicos en los que acostumbra a centrarse una crítica (las voces y la orquesta, es decir, la interpretación canora ‒y teatral‒ e instrumental), conviene preguntarse por algunos planteamientos esenciales en esta ocasión:

1.- ¿Ha sido acertado recrear el ambiente de esta obra, originalmente situada en el ámbito rústico de un lugar del País Vasco francés, transponiéndolo al mundo circense, concretamente la serie El Circo del pintor y escultor colombiano Fernando Botero?

2.- ¿Se ha mantenido la adecuada fidelidad al sentido que Gaetano Donizetti pretendió darle a esta sencilla historia, bucólica, rural y patriarcal? ¿Teniendo en cuenta, además, que, más que el compositor, ese sentido está fijado por el libretista Felice Romani, que tanto gustaba del estilo ancien régime?

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Es evidente que esos interrogantes están íntimamente relacionados entre sí. Y su respuesta afecta al responsable principal de las singularidades de este «Elisir». O sea, el director de escena, el venezolano Víctor García Sierra. Si tenemos en cuenta que García Sierra es, además, un flamante y distinguido cantante en activo, podemos descartar las extravagancias a veces perpetradas por directores de escena que pretenden «distinguirse», ya que de otro modo no pueden, enmendando la plana a compositor, libretista y hasta al sentido común. Ya lo advirtió en la rueda de prensa de presentación: «Dicen que muchas obras de Donizetti son aburridas; pero esta no: al contrario». Pero todavía fue más significativa su apreciación de que en El Circo de Botero «había visto», como si fueran reales, a los personajes de Adina, Necorino, Belcore y Dulcamara. De modo que se lanzó, no a la extravagancia deformadora, sino al atrevimiento consciente de realizar una «transposición» completa de ambiente que pretendía ser fiel, y aun potenciar, el «espíritu» de esta historia. El resultado se estrenó en el Teatro Verdi de Busetto en febrero de 2014 con notable éxito de público.

Y, como cuando se hace una «transposición» así, no valen las medias tintas, García Sierra tuvo que hacerla completa y cumplida. Una imprevista «catástrofe» informática, como nunca he sufrido, ha impedido que mis impresiones llegaran a esta página web más tempranamente (asistí a la primera representación, el 13 de mayo), por lo que pido excusas: no se repetirá la tardanza. Mas, como no hay mal que por bien no venga, hasta que se ha reparado completamente mi ordenador (ahora nuevo y mejorado), he tenido la oportunidad de leer una decena de críticas de diversos y competentes entendidos sevillanos y de otros sitios de España, y contrastarlas con mi percepción y valoración. En líneas generales, como casi todo el público, me sentí dichoso y me divertí como pocas veces, y quedé fascinado con el despliegue de luz, color y movimiento.

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Claro que, como todos los críticos, me siento obligado a poner alguna mínima «pega», que no altera, en absoluto, el regusto deslumbrado que sentí durante y al final de la representación.

Una: ¿alguien me puede explicar la presencia del prelado y su acólito durante el primer acto?

Otra: ¿por qué a la seductora Adina, rica, culta, caprichosa y orgullosa, la vistieron de niña, o a Nemorino de payaso? Se comprende, como he dicho al principio, que nos quisieran trasladar a la infancia feliz (cosa que tanta falta nos hace), pero esos detalles, por ejemplo, ignoro cómo pudieron colaborar a eso.

No obstante, el conjunto resultó de un acierto incontestable. Enhorabuena a García Sierra, y a su equipo (escenografía, vestuario, iluminación…: todo «remaba» en la misma acertada singladura).

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EL ELIXIR DE AMOR. (2) LOS CRITICABLES HABITUALES. José Luis López

Los Criticables Habituales.

José Luis López López.

Y ahora sí les toca a los «criticables» habituales. Empecemos por los cantantes, como suele hacerse siempre. Para ser cinco solistas, con mayor o menor relevancia, es destacable que constituyeran un elenco bastante equilibrado: eso es mucho.

maria jose morenoIndividualizamos (en el orden que figuran en el libreto impreso): la granadina María José Moreno (Adina) tuvo dos tiempos: tras comenzar algo «dura», tras el descanso alcanzó una perfecta impostación, con un registro redondo, pleno, excepcional; aparte de una actuación teatral llena de naturalidad y gracia. Una soprano ligera que cada vez irá a más.

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El tenor californiano Joshua Guerrero es un lírico-ligero, del que teníamos la garantía del premio obtenido en el premio Operalia; comenzó frío, pero también fue de menos a más. Resolvió conmovedoramente (en una pausa intimista, magistralmente elegida, del alboroto circense) «Una furtiva lacrima» (en italiano, «lacrima», aunque no lleve tilde ‒no las hay, prácticamente, en ese idioma‒ es esdrújula), tal vez el aria más célebre de todas las óperas «populares».

massimo cavalettiEl barítono de Lucca, Italia, Massimo Cavaletti mostró una voz menos definida y algo titubeante, divertido y fanfarrón en su doble papel de domador del circo y de sargento, aunque engolado en exceso.

kiril manolovEl búlgaro Kiril Manolov, barítono (el papel exigía un bajo bufo, pero él, con su voluminosa presencia y amplia teatralidad, compensó sobradamente esa carencia). Cuando le vendió, engañosamente, al pobre de Nemorino, una supuesta botella de «elixir», que era en realidad de vino de Burdeos, hay que dar por supuesto que se trataba de un «burdeos» corriente y barato, no de un premier cru de alguno de los «châteaux» que son la gloria de la enología bordelesa y gala.

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Finalmente, la sevillana Leonor Bonilla, a la que tenemos un especial cariño por ser la vencedora de nuestro Certamen de Nuevas Voces del año 2013 como Gianetta (reciente su triunfo en los Carmina Burana que nos ofreció la OCNE, dirigida por P. Halffter), aunque su papel cantor es breve (no así su brillante y destacada presencia teatral), no está dispuesta a dejar pasar la más mínima oportunidad: unos maravillosos agudos (como en el Dulcissime de los Carmina) y una voz perfectamente colocada, están pidiendo paso para papeles de más enjundia.

Y puestos a hablar de voces, las del Corro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza, especialmente las femeninas. Íñigo Sampil ha depurado este Coro hasta convertirlo, sin exageración, en uno de los mejores, si no el mejor, Coro de España. Una pena que la escenografía no alcanzara a dotar al Coro de más bellos movimientos coreográficos, a juego con sus voces..

Terminamos. El canadiense Yves Abel hizo una lectura ágil, vigorosa, delicadísima en los momentos más sutiles (como el dúo Chiedo all’aura o el aria Prendi, per me sei libero ‒«libero» también es palabra esdrújula en italiano). Con su pulso firme y medido, la ROSS se volcó. Igual que con el Coro, podemos decir que nuestra Sinfónica es una de las mejores orquestas de España (incluidas regiones independentistas).

No existe la obra humana perfecta. Pero sí la obra humana feliz. Y este L’elisir d’amore lo fue.

Hay que descubrirse y guardar este tesoro en zona preferente de nuestra memoria.

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GALA LÍRICA XXV ANIVERSARIO

GALA LÍRICA EN EL XXV ANIVERSARIO DEL TEATRO DE LA MAESTRANZA (30 de Abril de 2016)

UNA BREVE RESEÑA DE UNA NOCHE PARA RECORDAR

GALA LÍRICA INAUGURACION MAESTRANZA

No fue como hace 25 años. No podía ser porque aquella noche del  10 de mayo de 1991 era Irrepetible. No ha habido en la historia del mundo lírico del Siglo XX una Gala como aquella: Domingo, Kraus, Carreras, Caballé, Berganza, Lorengar, Pons, Lavirgen, Aragall. Unos no podían volver al Maestranza porque desgraciadamente ya nos dejaron, cuando aún estaban dando muchas noches de gloria. Otros ya están retirados y otros quizás no pudieron.

Pero la Gala fue digna. Se había anunciado a Joan Pons, Mariola Cantarero, Carlos Álvarez e Ismael Jordi. Y aunque los dos últimos no estuvieron, nos acompañó una radiante “Carmen”: María José Montiel y un magnífico Coro, que también celebraba su XX aniversario.

MARIA JOSE MONTIEL

La mezzosoprano M. José Montiel está en su mejor momento y con gran madurez y encanto nos deleitó con tres momentos de Carmen, una de sus creaciones, que además ha interpretado en versión española. Arrancó grandes aplausos en sus tres intervenciones y particularmente en la Habanera, que cantó con sensualidad y picardía.

MARIOLA CANTARERO

Después Mariola Cantarero nos deleitó con un fragmento de La Viuda Alegre, ya de vuelta de su reciente maternidad. Su voz de soprano lírica, suave y elegante, vibró en su interpretación.

JOAN PONS

El broche final de las intervenciones de solitas lo puso el gran barítono menorquín Joan Pons, el único que repetía a los veinticinco años. Llenó la escena con su aún firme voz que con gran riqueza de matices nos emocionó con el difícil “Te Deum” de Tosca, acompañado por un imponente coro. Nos recordó su interpretación de junio del pasado año.

El Coro y la Orquesta se lucieron con el Coro de Gitanos de Il Trovatore, pero el plato fuerte orquestal quedó para la segunda parte con el tercer acto de El Ocaso de los Dioses, en versión de Pedro Halffter. Fue una interpretación y una dirección brillante.

El Maestro sacó de la orquesta una de sus mejores interpretaciones de esta temporada y consiguió crear el clima necesario, con momentos solemnes, con momentos emotivos o brillantes, llenos de una belleza sublime, que nos trasladó al mundo misterioso de Richard Wagner.

Como propinas dos intervenciones más del Coro: Nabucco y Tannhäuser. Si el canto de los esclavos de la primera es emotiva y relajante, el Coro de los Peregrinos resultó impresionante.

Nuestra felicitación a todos: al Maestro Halffter, al Coro, Orquesta y Solista. En suma al Teatro de la Maestranza. Todos disfrutamos de esta velada: los espectadores y lo actores.

Emilio Galán

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