ROBERTA INVERNEZZI Y LA ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA

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Con el título Una gala barroca en Londres, la soprano milanesa Roberta Invernizzi y la Orquesta Barroca de Sevilla ofrecieron el jueves 12 de mayo en el Teatro de la Maestranza un magnífico concierto. En el programa, diversas arias de óperas de G. F. Haendel, entre las que se intercalaron movimientos de distintos concerti grossi del propio Haendel, además de incluirse el célebre concerto grosso completo nº 12 (llamado «La Follia») de Francesco Geminiani, discípulo (verdadero o supuesto) de Arcangelo Corelli, el compositor más apreciado de su tiempo, con el que estudió el joven Haendel en Roma, durante su viaje de cuatro años por Italia (1706-1710, es decir, desde los 21 a los 25 años del músico alemán, luego trasplantado a Inglaterra). El extraordinario agrado que el recital produjo en el público se traduce en las reseñas de los críticos musicales, de los que seleccionamos estos tres titulares: «Una lección de retórica y afectos» (André Moreno Mengíbar, Diario de Sevilla); «Los afectos prodigiosos» (Ismael G. Cabral, El Correo de Andalucía); «Esplendor acústico en el concierto de Roberta Invernizzi y la Barroca de Sevilla» (Juan José Roldán, en su blog Pantalla Sonora)

Dos protagonistas tuvo esta espléndida velada: la soprano Roberta Invernizzi y la Orquesta Barroca de Sevilla, dirigida por Enrico Onofri, nacido en Rávena (Ravenna, en italiano). Las Notas al programa, precisas y perfectamente documentadas, firmadas por Pablo J. Vayón, fueron de gran utilidad para el oyente.

Roberta-Invernizzi primer planoRoberta Invernizzi (como se ha señalado, una de las figuras más destacadas de la música barroca y clásica en el mundo actual), de presencia generosamente bella, tiene una voz en la que sobresalen su enorme expresividad, dominio de la coloratura, naturalidad completa, volumen y densidad, facilidad  para las agilidades… Su versatilidad y control de los matices le permitieron dar a cada aria su carácter adecuado, tan variable en este recital (del dramatismo a la ternura conmovedora), y, sobre todo, hay que subrayar, cada vez más conforme avanzaba la interpretación, la admirable conjunción entre voz y conjunto orquestal. En este sentido, resultó magistral el uso de los diversos tiempos de concerti grossi como preludios de cada aria, de modo que no era fácil distinguir donde acababa uno y comenzaba otra. Desfilaron, así, muestras de Lotario, tres veces Cleopatra en Giulio Cesare in Egitto, Ottone, Alcina y Scipione.

ROBERTA INVERNIZZI FOTO CORREO DE ANDALUCIA /PEPO HERRERA

Por su parte, la OBS estuvo inmensa, tanto en su conjunto como en sus más destacadas individualidades. Cada día parece más claro que la dirección de Enrico Onofri ha multiplicado las virtudes de esta formación sevillana de alto nivel internacional (que pide a gritos una mayor presencia en el Maestranza, así como disponer de una sede propia adecuada a su excelencia). Sobre todo, Onofri ha conseguido ampliar hasta casi el infinito la capacidad de la Barroca para «bordar» la gama de afectos , tan complejos en el terreno de las sutilezas. Cierto que contaba con «lugartenientes» de la talla de Alexis Aguado y Andoni Mercero, así como la siempre sobresaliente violoncellista Mercedes Ruiz, Alejandro Casal al clave, Miguel Rincón con la tiorba, el oboe de Patrick Beaugiraud… Especialmente brillante fue la ejecución de «La Follia» de Geminiani, donde el violín del concertino se lució hasta el límite, secundado por el admirable cello de Mercedes Ruiz. Como «bis», soprano y orquesta nos regalaron un aria de Il trionfo del Tempo e del Disinganno, el primer oratorio de Haendel (de 1707), con la Invernizzi cantando el papel de la Bellezza.

En resumen: exquisita y suprema ocasión, para guardar entre nuestros mejores recuerdos musical

José Luis López López para la ASAO

Podemos deleitarnos con la voz de la Invernizzi en este otro fragmento de Haendel.