ÓPERA CENDRILLON. UNA CRÍTICA DE ANDRÉS MORENO MENGIBAR

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Cendrillon. Opereta en tres cuadros. Libreto y música de Pauline García-Viardot. Intérpretes: Sachika Ito, Susana Casas, Carolina Gilabert, Malgorzata Kubala, Alain Damas, David Lagares y Francisco Gracia. Escenografía, iluminación y dirección de escena: Javier Andrade. Dirección musical y piano: Francisco Soriano. Cádiz, Gran Teatro Falla, 18 de noviembre de 2016

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El XIV Festival de Música Española de Cádiz tuvo este año como una de sus líneas rectoras el tema de la presencia de la mujer compositora en la música occidental. Nada mejor, pues, que programar una obra de una de las más interesantes y desconocidas compositoras europeas del siglo XIX, la parisina Pauline García-Viardot (1821-1910). Hija del tenor, compositor y maestro de canto sevillano Manuel García, Pauline heredó de su padre no sólo la dedicación al canto (del que llegó a ser la sucesora en fama continental de su hermana María Malibrán, trágicamente desaparecida a los veintiocho años en 1836), sino las dotes para la composición, como lo demuestran sus abundantes canciones, su música de cámara y sus operetas de salón. Parte por decisión personal, parte por la dificultad para ser aceptada como compositora siendo mujer (drama con el que se tendría que enfrentar su propia hija Louise, magnífica compositora rechazada por el mundo académico por su naturaleza femenina), Pauline, una vez dejada de lado su carrera como cantante, decidió circunscribir su labor como compositora al ámbito doméstico y al de los amigos más cercanos.

P1160305 Para ese mundo de los salones artísticos de la Europa del siglo XIX compuso en 1904 su opereta Cendrillon, basada en el famoso relato de Charles Perrault sobre la Cenicienta. Como variación argumental cabe destacar que Viardot sustituye a la madre desnaturalizada por un padre fatuo, ex tendero de comestibles que se hace pasar por Barón de Pictordu. Lo que no es sino un guiño a uno de los cuentos más famosos (Le chateau de Pictordu) de su gran amiga Georges Sand. En esta obra, escrita para piano y siete voces, Viardot destila toda una vida de experiencias musicales, con una inspiración melódica encantadora, una escritura vocal delicada pero exigente y una parte para piano bastante más compleja de lo que pudiera parecer, como que nacida de quien fuese alumna nada menos que de Liszt y de Chopin. Para la escena del baile, en la que el libreto deja al arbitrio de los cantantes insertar las canciones que deseen, se optó con buen criterio por insertar tres de las doce mazurkas de Chopin que la propia Viardot arreglase para voz y piano con la aprobación y aplauso del propio compositor polaco.

La producción abordada por el festival en el Teatro Falla era eficaz en su simplicidad, pero muy acorde con el carácter ingenuo y ensoñador de la obra. Andrade plantea toda la acción como un  sueño envuelto en una seductora iluminación con tonos azulados, unos telones que reconstruyen un paisaje invernal con castillo al fondo y los elementos de atrezzo mínimos. Pero lo esencial de la propuesta escénica era el minucioso trabajo en el movimiento de los actores, perfectamente ensamblado con el discurso musical y de gran eficacia teatral.

Soriano realizó un trabajo magistral en la realización de la compleja parte pianística con precisión y sutileza en el fraseo, con momentos muy delicados como las mazurkas de la escena del baile o la gradación dinámica del concertante final. Llevó siempre de la mano a los cantantes, con los que se evideP1160317nciaba un sólido trabajo de preparación musical. El reparto lo encabezaba Sachika Ito en el papel de Cendrillon. Con su bellísima voz y su delicadeza en la expresión encandiló en momentos tan poéticos como su mazurka o su duetto con el Príncipe. Susana Casas, como el Hada Madrina, no le fue a la zaga en fraseo delicado y poético, con amplios recursos para moverse en la franja superior de la voz en la escena final. Muy solventes vocalmente y divertidas como actrices Gilabert y Kubala como las hermanastras. David Lagares encarnaba al ridículo y fatuo padre. De voz poderosa, con un centro magnífico, con timbre muy cálido, Lagares completó su actuación con una inmejorable fuerza cómica. No menos metido en su papel estuvo el Chambelán de Alain Damas, tenor lírico con tintes de ligero que controla perfectamente la emisión y que resuelve con soltura el cambio de registro. Y la sorpresa vino de la mano de novel Francisco Gracia, que hacía su debut en la ópera y que sorprendió por la calidad de su timbre de tenor ligero, el control del sonido en las regulaciones y la morbidez de su fraseo, lo que permite augurarle un brillante futuro si continúa su formación bajo una mano experta. Andrés Moreno Mengíbar